jueves, mayo 26, 2022

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El plan maestro de Elon Musk para Twitter

Al final fue un fallo fatal. Jack Dorsey, co-creador de Twitter en 2006, odiaba la idea de que una sola persona tuviera el control total de algo con tanto poder para moldear el discurso público mundial como es una red de medios sociales. Los fundadores, dijo Dorsey, podrían convertirse en un “punto único de fracaso”.

Así es que Twitter nunca dio a sus creadores las herramientas para controlar su destino, como lo hicieron otras empresas tecnológicas. No se les concedieron acciones con derecho a voto supremo, tal y cuales Larry Page y Sergey Brin, que conservan tal derecho en Google, o Mark Zuckerberg en Facebook (ahora Meta). Pero eso provocó que gente de afuera empezara a meter las narices. Y uno de ellos fue Elon Musk.

Al final, como un desprevenido aldeano de Transilvania de frente a un animal feroz, Twitter fue devorado y transformado en la bestia que nunca quiso ser. En lugar de un “bien público” que Dorsey ansiaba, ahora será una empresa privada, sin estar en deuda con los accionistas ni con su consejo de administración. Es cierto que Elon Musk, de 50 años, no es su fundador, pero a partir de ahora -como han descubierto sus otras empresas, especialmente Tesla- será el único punto de éxito o fracaso de Twitter. ¿ Pero cuál es su verdadero plan? ¿Cuánto hay de bravuconería, de codicia y de auténtica visión? ¿.. él, y su nuevo juguete, triunfarán o irán al encuentro de un fracaso?

Musk afirma que quiere soltar las restricciones que hacen aparentemente de Twitter un foro sesgado para los liberales. El problema es que la libertad de expresión en línea puede convertirse rápidamente en una batalla campal que desanime a los usuarios y, sobre todo, a los anunciantes.

Y a pesar de su peso cultural, Twitter sigue siendo pequeño (con 217 millones de usuarios regulares), especialmente en comparación con el gigante de Zuckerberg (que llega a unos 3.000 millones). En Europa es utilizado por menos de un tercio de internautas. Suponiendo que Musk quiera cambiar eso, una pregunta clave es: ¿qué dimensión debe tener Twitter? Si se hace más grande, puede perder influencia en medio del jaleo y el ruido; mientras tanto, un plan de afiliación inspirado en Musk, como se ha planteado, corre el riesgo de limitar su alcance.

No cabe duda de que, incluso para el hombre más rico del mundo (con un valor de unos 270.000 millones de dólares), la audaz compra es una gran apuesta. Musk ha puesto en juego unos 20.000 millones de dólares de su propio dinero y ha pedido prestado el resto. Sin embargo, si es capaz de aprovechar tanto la escala como la importancia, no hay duda de que puede haber conseguido una ganga. Sus aliados dicen que, simplemente por su propia experiencia en la plataforma (su cuenta tiene 85 millones de seguidores) para generar camiones de publicidad gratuita para Tesla, sabe lo lucrativo que puede ser Twitter.

Sin embargo, aunque si la capacidad de Twitter para influir en los resultados económicos (Musk ha movido los mercados a un punto, de provocar la ira de los reguladores) es tan evidente como su poder de convocatoria (entre los médicos durante la pandemia, por ejemplo), evientemente, la plataforma es un juguete peculiarmente personal para el multimillonario. Por ejemplo, se opuso notablemente al consenso de Silicon Valley, al discrepar de la prohibición de la cuenta del ex presidente estadounidense Donald Trump tras los disturbios del Capitolio.

El próximo objetivo es el miércoles 27 de abril para la cuarta misión de expedición científica de Dragon a la @estación_espacial → https://t.co/X7abHvGtMp pic.twitter.com/N4Jtm8aXWe
- SpaceX (@SpaceX) 25 de abril de 2022

Él, como tantos otros usuarios, se deleita en burlarse y trolear a otros usuarios, adoptando el “modo duende”, como él mismo dice, para hacer bromas infantiles y ofensivas, como la que hizo sobre Bill Gates este mismo fin de semana. Todo ello podría considerarse una broma estándar en Internet si Musk no fuera un bloqueador habitual de quienes le critican. El martes, Associated Press relató cómo sus tuits a veces criticaban la cobertura periodística desfavorable, “calificando erróneamente dicho como trabajo ‘falso’ o ‘engañoso'” y desatando una turba de sus devotos seguidores para “acosar a los periodistas durante horas o días”.

Derrotar a los atormentadores en línea, en forma de cuentas automatizadas o “bots” desatados para provocar el caos y el conflicto vendiendo desinformación e indignación, es quizás la mayor promesa de Musk al hacerse con Twitter. Su amigo Ross Gerber afirma que estos bots, a menudo controlados por Rusia, socavan habitualmente las elecciones occidentales. En consecuencia, añade Gerber, el plan de Musk para desenmascararlos tiene en su núcleo un objetivo más grande, incluso que la protección de la libertad de expresión. “Se trata de proteger la democracia”, dijo a la BBC. “Elon sólo se involucra si cree que [algo] es críticamente importante para la humanidad. No le importa en absoluto el dinero”.

Lo que significa que Musk, a su manera de ser el diablo, está apuntando a un nuevo enfoque. Otras plataformas de redes sociales optan por la “moderación de contenidos”: censura automática del peor material ilegal, respaldada por moderadores humanos para juzgar los casos límite. Todo el proceso, al igual que muchos de los algoritmos que seleccionan los contenidos digitales que se ponen a disposición de los usuarios, es opaco, y forma parte de la “salsa secreta” de las empresas de redes sociales, que es la clave de sus beneficios.

Pero Musk planea una transparencia total. El profesor Timothy Garton Ash, autor de un libro sobre la libertad de expresión, acogió con satisfacción la medida. “Muchas investigaciones muestran que los efectos de selección algorítmica son más importantes que los de la moderación de contenidos”, tuiteó.

La esperanza no es sólo que tal transparencia haga un mejor trabajo en la lucha contra el torrente de acoso racista y sexista que todavía escapa a la moderación actual, sino que, en última instancia, desenmascare también a los bots. Si Musk, a través de este nuevo y audaz movimiento, lo consigue, representaría una cura radical y triunfante de algunos de los males más graves de las redes sociales, una industria que ha parecido tan estancada como la fabricación de coches antes de Tesla, o la cohetería antes de SpaceX.

Inevitablemente, muchas cosas se podrian interponer en el camino de esa meta. En primer lugar, tentaciones de abusar de la influencia que le proporciona su nueva condición de magnate de los medios de comunicación. Realmente, se está uniendo a un panteón de titanes del siglo XXI que rivaliza con los días de gloria de hace un siglo. Si entonces los lideres de la prensa eran William Randolph Hearst y Joseph Pulitzer los que dominaban la escena mundial, hoy, según Forbes, los 10 hombres más ricos del mundo poseen entre todos el Washington Post, Twitter, Facebook, Google, Microsoft y Bloomberg. Y la información nunca ha sido tan apreciada por la élite.

Pero la influencia funciona en ambos sentidos. Jeff Bezos, propietario de The Washington Post, no perdió tiempo en preguntarse si la adquisición de Twitter por parte de Musk podría dar a China, un mercado fundamental para el éxito de Tesla, una influencia significativa si al Partido Comunista de Pekín no le gusta la última tendencia de Twitter.

Incluso los cambios aparentemente sencillos, como la tan anunciada introducción de un botón de edición para modificar los tuits hasta ahora inamovibles, son complicados. Es poco probable que los periodistas e investigadores citen tuits (como se ha hecho en este artículo) si mañana pueden ser diferentes. ¿La red social de referencia? No lo será más.

Hay quien dice que Musk, de quien nadie duda que sueña a lo grande, tiene los ojos puestos en una apuesta mayor: un sitio que aproveche el tan cacareado advenimiento de la llamada Web 3.0, una Internet descentralizada basada en la misma tecnología de cadena de bloques que utilizan las criptomonedas.
Es el último sueño libertario: la creación de un gigante mediático sin trabas, que normalice el uso de las criptomonedas, eludiendo las normas económicas y de difusión de los estados nacionales.

“Creo que está en juego una visión mucho más amplia que la de la libertad de expresión”, dice la analista digital Sara McCorquodale, “se trata de crear el Estado Nación de Twitter. Podría convertirse en un gigante”. En la creación de ese gigante, añade, descansa la reputación de Musk “como profeta y visionario”.

🚀💫♥️ ¡¡¡Sí!!! ♥️💫🚀 pic.twitter.com/0T9HzUHuh6
- Elon Musk (@elonmusk) 25 de abril de 2022

Todo ello suena increíblemente dramático para un hombre descripto por su primo, Mark Teulon, como “una persona con los pies en la tierra”. La madre de Musk, Maye, nació en Canadá antes de trasladarse a Sudáfrica, y fue con Teulon, un agricultor de grano cerca de la remota ciudad de Swift Current en Saskatchewan, con quien Musk trabajó cuando regresó a Norteamérica desde Pretoria en el verano de 1989. Su posterior ascenso al megaestrellato de Silicon Valley está bien documentado.

A mediados de los 90, Musk y su hermano Kimbal crearon una pequeña empresa de software llamada Zip2. A ésta le siguió el explosivo éxito del servicio de pagos en línea PayPal, que fue adquirido por eBay a principios de la década de 2000, dejando a Musk con una fortuna de 175 millones de dólares. Luego, sus pensamientos se dirigieron al espacio.

En 2001 ya estaba en contacto con Jim Cantrell, un experto en cohetes, antes de fundar SpaceX en 2002. “Era muy, muy inteligente”, dijo Cantrell a la prensa. “Lo que salió a relucir fue la inteligencia pura. Tiene que ser el tipo más inteligente con el que he trabajado. No podía sostener la mirada. No me lo tomé como un desprecio; simplemente su mente estaba trabajando y pasaba a otra cosa”.

Cantrell dice que lo que motiva a Musk “no es en absoluto económico. Se trata de ir a Marte. Siempre ha sido coherente con la idea de hacer que los humanos sean interplanetarios, dejar los combustibles fósiles y preservar la democracia impidiendo que los tiranos bloqueen nuestras libertades. Soy un libertario registrado, así que lo reconozco cuando lo veo. Siempre ha sido un libertario. Va a desestatizar Twitter”.

Sean cuales sean sus objetivos, no hay certeza de que Musk tenga éxito. Tiene un historial de incumplimiento de promesas ostentosas. Pero esas promesas suelen mantener la fe en sus productos hasta que salen a la luz prototipos eficaces, aunque menos glamurosos que los propuestos. Lo cierto es que aprende rápidamente del fracaso.

Robert Zubrin, un ingeniero aeroespacial al que Musk también conoció cuando estaba creando SpaceX, dice: “Estaba claro que era muy inteligente, pero no sabía nada de cohetes. Tres años después lo sabía todo. Había aprendido por sí mismo. No sólo hizo el trabajo duro, sino que no se rindió. Porque es duro”.

¿Es Musk el mesías de Twitter o sólo un niño muy travieso?

Cuando las pruebas de cohetes no funcionaron, repetidamente, Musk estaba “dispuesto a fracasar y a levantarse de nuevo”.
Los analistas sugieren que Twitter puede ser simplemente una empresa mal gestionada que se beneficiará de la nueva propiedad. Pero, como siempre, cuando se trata de Musk, es imposible no leer más en su adquisición.

Como dijo un empleado de SpaceX : “Era mucho más accesible al principio, pero ahora es visto como una especie de deidad por mucha gente”. Ese tipo de adulación puede subirse a la cabeza de un hombre. Entonces, ¿es Musk el mesías de Twitter o simplemente un niño muy travieso?

“Elon es el mejor operador que te puedes encontrar. Se merece todo el crédito del mundo por tomar grandes ideas y hacerlas más grandes”, dice el empleado de SpaceX. “Pero deja a mucha gente en el camino, lo cual es lamentable. O estás con él o no lo estás. Es absolutamente blanco o negro en eso”.

O, como dice el ingeniero aeroespacial Zubrin: “He tenido días buenos y malos con él a lo largo de los años. Puede ser despiadado. No es la Madre Teresa; quiere la gloria”.

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