domingo, julio 21, 2024

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¿La coparticipación es realmente un mecanismo de ayuda para las provincias más pobres?

Si bien el objetivo del actual sistema de coparticipación es que todos los habitantes del país tengan las mismas oportunidades de desarrollo personal, los resultados son en dirección contraria: los recursos se usan para financiar empleo de baja calidad y no para propiciar la igualdad de oportunidades. Eliminar la coparticipación no solo es necesario sino que también es posible.

Este régimen nació bajo la idea de que todos los habitantes del país deben tener las mismas oportunidades de desarrollo personal, independientemente del lugar en que nacieron. Bajo esta lógica, es necesario redistribuir recursos públicos mediante la coparticipación para que todas las provincias tengan la posibilidad de brindar servicios sociales similares (educación, salud, vivienda, urbanismo, etc)

Sin embargo los resultados muestran lo contrario: las provincias del norte que reciben un 58% más que el promedio, tienen un 18% más empleo público por habitante y mayor mortalidad infantil. Esto demuestra que los recursos que se redistribuyen se usan para financiar empleo de baja calidad y no para proporcionar la igualdad de oportunidades.

Otra de las consecuencias es una fuerte concentración de la recaudación en el nivel nacional que, en un país federal, no es el artífice del desarrollo provincial. Menos de la mitad del financiamiento de las provincias es a través de recaudación propia: reciben como ingresos el 12% del PBI y solo el 5% es por recaudación propia, el resto les llega mediante la coparticipación. 

Con la perpetuidad del régimen de coparticipación se sostiene un esquema que promueve la baja calidad de las instituciones políticas y económicas, es decir, el atraso de las provincias más rezagadas es cada vez mayor. Pero un nuevo sistema de coparticipación sería imposible ya que tiene que aprobarse por unanimidad de todas las provincias y la dirigencia de las provincias beneficiadas nunca apoyaría un cambio que las perjudique

La solución es eliminar los malos impuestos y generar incentivos a aumentar la actividad económica en las provincias, haciendo que estas recauden los tributos en función de las ventas que se generan dentro de su territorio para financiarse. Así, la coparticipación dejaría de tener sentido. Esto debe ser complementado con un Fondo de Convergencia que transfiera  recursos desde las zonas más ricas a las más pobres orientado a estimular políticas para reducir las brechas de desarrollo.

La razón es que la coparticipación funciona como un “cheque en blanco”, mientras que el fondo de convergencia, como una transferencia condicionada a un plan de desarrollo.

Fuente: IDESA

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